domingo, 18 de mayo de 2014

Globalizacion

El tema económico de moda en El Salvador, es la Globalización y sus posibles efectos en la economía y empresariado salvadoreños. Por todos lados se habla del A.L.C.A. (Area de Libre Comercio de las Américas), el T.L.C. o N.A.F.T.A. (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) o el MERCOSUR (Mercado común integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay). En nuestro país dicho tema aún "saca ronchas" entre los distintos sectores políticos y económicos. La Globalización es para algunos la mayor invención de la humanidad desde el invento de la rueda y para otros puede ser la viva encarnación del demonio en la tierra; en fin son muchos los motivos tanto económicos como políticos por los cuales dicho fenómeno genersa mucha polémica; pero como todo tema polémico trataremos de dejar de lado dichas situaciones conflictivas y centrarnos en lo que creo es la forma en la cual se visualiza de parte del empresariado salvadoreño dicho fenómeno económico de fin de siglo y de milenio en nuestro país. "La ventaja competitiva se crea y se mantiene mediante un proceso altamente regionalizado. Las diferencias de valores, cultura, estructuras económicas, instituciones e historia de las naciones, contribuyen al éxito competitivo" afirma Michael Porter . "La presencia de fuertes competidores locales es un estímulo final y poderoso para la creación y mantenimiento de ventaja competitiva", continua. Casi todos los empresarios salvadoreños en la actualidad están de acuerdo con tales proposiciones. Invierten enormes sumas de dinero en conferencias y seminarios impartidos por "gurúes" especializados en las nuevas tendencias económicas y empresariales en las cuales los temas predominantes son "Globalización", "Apertura Comercial", "Liberalización Comercial" y otros afines, pero entonces, por qué la empresa privada nacional argumenta aún no estar preparada para una mayor apertura comercial vía la baja de los aranceles a la importación, cuyo proceso comenzó en julio de 1997 y que este 01 de julio de 1998 entra en la tercera de cinco fases de un proceso gradual de desgravación arancelaria, o el cabildeo realizado ante el Gobierno para la negociación de un Tratado de Libre Comercio con México en condiciones asimétricas, favorables para la empresa local. Globalización conlleva apertura comercial, lo cual a su vez implica la eliminación de las restricciones arancelarias o de tipos similares o la disminución de la intensidad de éstas, las cuales protegen a las empresas locales. Acaso no sería cierto que ya que nuestras empresas e industrias no han logrado una mayor productividad y competitividad, debido a que localmente no existe una "competencia darwiniana" que los obligue a cada día ser mejores, lo más adecuado -aunque doloroso al principio, como cualquier cosa que se aprecie- sería la apertura a la competencia de empresas extranjeras que sirvan de estímulo para la generación y mantenimiento de esa ventaja competitiva que hace falta a nuestras empresas. Al momento de anunciar la implantación del actual calendario de desgravación arancelaria, el Ministro de Economía Eduardo Zablah Touché, manifestó "estamos (respecto al resto de naciones del área) en una ventaja competitiva, porque las materias primas y bienes de capital están ingresando libres de costo" Pero, actualmente, que se está negociando un Tratado de Libre Comercio con México, la empresa privada salvadoreña, a través de la Oficina de Apoyo al Sector Productivo para las Negociaciones Comerciales Internacionales (ODASP)* manifiesta la necesidad "de obtener períodos más largos de desgravación y otras medidas relacionadas con el acceso a mercados" además de afirmar que el "logro de un trato asimétrico (en materia comercial con México) a nuestro favor es piedra angular de las negociaciones", debido según dicha oficina a que "se tendría desventaja de la magnitud y escala de operaciones que hace que los costos de producción mexicanos, debido a su gran volumen, sean más bajos que los centroamericanos" Parece que el sector privado del país, tiene miedo a salir mal parado de la entrada de empresas de talla competitiva. Es lógico suponer que dicha situación tendría efectos traumáticos en aquellas empresas acostumbradas a vivir del cabildeo y del favor de "papá Estado", pero aquellas que sobrevivan a la fuerte competencia de las empresas extranjeras, contarían con una capacidad no solo de competir con las empresas que vengan al país, sino también, podrán salir y luchar palmo a palmo en el extranjero con otras compañías foráneas por una parte de sus respectivos mercados, con lo cual además estarían ampliando su universo de clientes reales y potenciales, lo cual estimula a las compañías a innovar y mejorar cada día sus productos y/o servicios, pues la inversión en investigación y desarrollo y en cualquier otro rubro se puede recuperar con creces, gracias a las posibilidades de mayores compras del nuevo producto o del producto mejorado. Además una eliminación o disminución de las barreras arancelarias y no arancelarias, conllevaría menores costos para aquellas industrias que dependen mucho de materia prima, bienes intermedios o activos fijos importados, para la generación de sus bienes o servicios, tal como afirma el Ministro de Economía. Por otro lado, si dicha acción no es unilateral por parte del país, se lograría acceso a mercados de otros países que actualmente se encuentran restringidos a los productos salvadoreños o simplemente no se puede competir con los productores locales por las altas barreras arancelarias de sus respectivos países. Entonces, con todos estos argumentos a favor de la globalización y muchos otros más que harían interminable la lista, según las nuevas corrientes comerciales y empresariales actuales; por qué es tan fuerte el argumento de que la empresa privada nacional aún no está preparada para una menor protección del gobierno por medio de una disminución de las tasas arancelarias. Parece ser que los empresarios salvadoreños se encuentran en una coyuntura de "doble moral", pues por un lado se habla de los beneficios de la liberalización de la economía que elimine o disminuya notablemente la intervención del Estado en los vaivenes económicos, pero por otro lado apelan a este último para que no elimine "tan prematuramente" las ventajas que les significan las tasas arancelarias actuales, pues aún no se está "preparado" para competir con bienes y servicios extranjeros de mejor calidad y con un precio más bajo con el que actualmente dichos bienes se comercializan en el mercado nacional. El empresario salvadoreño debe comprender que así como el Estado no debería, según las actuales tendencias económicas, entrometerse demasiado en los mercados, también implica que éste dejará de protegerlo de la competencia internacional sana, lo cual se logra gracias al cabildeo que realizan las principales cámaras comerciales y asociaciones empresariales ante el gobierno de turno con el fin de retrasar el mayor tiempo posible la inminente apertura comercial o que esta sea negociada de acuerdo a sus pretensiones. Por el contrario la función del Estado debe consistir económicamente hablando, en crear para las empresas un entorno más competitivo (No interveniendo en los mercados, estableciendo estrictos estándares ambientales y de seguridad, prohibiendo actividades monopolísticas, desregulando la competencia, promoviendo metas que conduzcan a una inversión sostenida, mejorando la infraestructura del país o mejorando los procesos gubernamentales) de donde puedan surgir empresas innovadoras y competitivas. "El papel apropiado del Gobierno es el de catalizador y motivador; es alentar - e incluso empujar - a las compañías para que eleven sus aspiraciones y asciendan a niveles más altos de rendimiento competitivo . . ." Solo con empresarios que comprendan que no se debe tener una visión del Estado formada a su conveniencia o a los vaivenes coyunturales de la economía y que Globalización implica una Apertura Comercial sin restricciones y la eliminación de los cabildeos ante funcionarios del Estado ligados a sus empresas, cámaras o asociaciones - todo lo cual implica un proceso desagradable y difícil, pero al fin y al cabo necesario- El Salvador no contará con empresas e industrias capaces de hacerse un lugar respetado en la economía mundial de principios del próximo milenio, y que además contribuyan - como parte de su labor social indirecta - a llevar a nuestra población a mejores niveles de vida, vía una mejor escala de ingresos per cápita, lo cual el Estado no ha logrado hasta nuestros días con sus políticas de inversión social.